lunes, 6 de marzo de 2017

Netflix: Una serie de catastróficas desdichas

El Conde Olaf es la última persona que querrías que cuidara de tus hijos.

Quiero hablaros de la última serie que he visto y que podéis encontrar en ese universo paralelo de entretenimiento inacabable llamado Netflix (qué fines de semana más guays se pasa uno en el sofá viendo un episodio tras otro eh?). Se trata de Una serie de catastróficas desdichas. Ya he terminado la primera temporada que consta de 8 episodios y me ha gustado muchísimo. Conocía la existencia de la película, lo que no sabía es que estaba basada en unos libros, trece concretamente, escritos por Daniel Handler bajo el pseudónimo de Lemony Snicket. Si quieres saber por qué he disfrutado tanto con las calamidades que sufren los protagonistas quédate y te lo cuento.

En 1994 se estrenó la película "Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket" que resumía las historias de los tres primeros libros. Su protagonista es un irreconocible Jim Carrey que interpreta al malvado Conde Olaf, un papel hecho a su medida. Y a comienzos de este mismo año ha llegado a la comodidad de nuestros hogares la serie a través de Netflix. Esta vez le ha tocado al genial Neil Patrick Harris interpretar al villano. Más adelante os diré cuál de los dos actores me gusta más en este papel pero ahora os cuento de qué va esta historia ambientada en un mundo de ficción cuya estética recuerda bastante al estilo de Tim Burton.

Los protagonistas son los hermanos Baudelaire, Violet, Klaus y la pequeña Sunny, que tras la muerte de sus padres en el incendio que destruyó la mansión donde vivían son enviados con el Conde Olaf, su pariente más cercano. Éste es un hombre malvado, de profesión actor, que vive en una casa cochambrosa y que sólo busca quedarse con la fortuna de los huérfanos, a los que maltrata sin remordimientos. Tras descubrirse sus perversos planes, el Sr. Poe, antiguo asesor de sus padres, se encargará de buscar nuevos tutores, a cada cuál más excéntrico. Cada vez que esto sucede aparece en escena el Conde Olaf ridículamente disfrazado con la intención de raptarles. Los Baudelaire no tienen dificultad para reconocerle de inmediato, pero incomprensiblemente los adultos no son capaces de darse cuenta que se trata del Conde Olaf, y además hacen caso omiso de las advertencias de los hermanos cuando les intentan advertir de ello. Al final de cada capítulo el Conde Olaf y sus compinches siempre consiguen escapar una vez que son descubiertos, y los huérfanos son enviados con un nuevo tutor. Este patrón se repite a lo largo de los diferentes capítulos.


Los huérfanos Baudelaire tienen características que les hacen especiales y les ayudan a escapar de situaciones peligrosas. Violet es una gran inventora, cada vez que tiene que inventar algo se recoge el pelo con una cinta para poder pensar con más claridad. Klaus es un gran lector, esto le permite tener muchos conocimientos que le son muy útiles a la hora de encontrar la solución a algún problema. Sunny tiene unos potentes colmillos capaces de morder cualquier cosa. Aunque no sabe hablar emite unos ruiditos que sólo entienden sus hermanos y sus comentarios son de gran sentido común, lo que resulta bastante gracioso teniendo en cuenta que es un bebé. Poco a poco los huérfanos van recibiendo pistas que les acercan cada vez más a descubrir la verdad sobre una sociedad secreta que tiene que ver con sus padres. Por otra parte, el narrador de la historia es Lemony Snicket, el cuál va apareciendo en distintas escenas advirtiendo siempre al espectador de que algo malo está por pasar, alimentando así ese sentimiento continuo de desgracia que envuelve la serie.

Quiero destacar la escenografía, cuidada al detalle para dar un aspecto de cuento. El hecho de que recuerde a Tim Burton no es casualidad pues el encargado del diseño de producción es Bo Welch, quien ya colaboró en su día con este director. Otra cosa que me llama la atención es la canción del comienzo. En ella se advierte al espectador que los hechos que se narran son demasiado terribles y aconseja dejarlo y mirar hacia otro lado, algo que también hacía el autor en sus libros. Pero lo más curioso es que una parte de la letra cambia según el episodio, haciendo un pequeño resumen de lo que va a tratar. Esto me parece muy original.

En cuanto a la comparativa Jim Carrey vs. Neil Patrick Harris que os prometí me quedo con el segundo. En mi opinión el Conde Olaf de Carrey es más tenebroso, mientras que el de Harris resulta más cómico, además sus caracterizaciones me gustan más. 

Arriba Jim Carrey, abajo Neil Patrick Harris.

En conclusión, es una serie diferente al resto y que merece que le des una oportunidad si te gustan las historias cargadas de fantasía y humor absurdo. Sólo los disfraces del Conde Olaf y sus artimañas te sacarán unas cuantas risas. Os dejo el trailer para que le echéis un ojo, nunca mejor dicho, pues el misterioso símbolo de un ojo encierra un importante secreto que querréis descubrir si os atrevéis a adentraros en esta trágica y oscura historia, aunque yo os aconsejo que mejor miréis hacia otro lado... aún estáis a tiempo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario